jueves, 5 de agosto de 2010
Escrito en una servilleta
Señores: ¡Nos han expulsado de los cafés!
Podría parecer una nimiedad esta ley que obliga a los fumadores a pedir una mesa en la calle, pero lo cierto es que esta aparente trivialidad forma parte de un perverso plan impulsado por los detractores de Adorno. En la Capital Federal, en París, en Londres y en muchas metrópolis más, han logrado que los escritores (los fumadores) sean expulsados a la Avenida Rivadavia, al boulevard du Champs. ¿En qué consiste este perverso plan? Nada más y nada menos que en arrojarnos a las garras de la vida. Ahora resulta imposible escaparle a la narrativa cosmopolita, al sucio indigente que pide una moneda, a la vieja que grita indignada por las calles, a los oficinistas que se prostituyen todos los días a lo largo de ocho horas. Le han dado un golpe de muerte al idilio, ya no es posible soñar, desde el oscuro y acogedor interior, con genios que escapan de lámparas y marinos que se enriquecen de la noche al día. ¿Cómo recuperar la imagen de la eterna narradora oriental cuando las barbas sucias y duras de la mierda citadina nos interpela con sus ojos amarillos de locura? Feliz estaría Lukács viendo como sus postulados triunfan sobre su acérrimo enemigo.
Mueran, mueran portadores de lo bello, sufran cuando el mendigo chupapijas derroche su semen sobre las calles. Miren horrorizados a los niños consumados por el paco que los increpan con insolente violencia. Descubran con sus ojos las tetas gastadas de esas putas que tantas veces han descrito desde la más absoluta de las ignorancias.
De algún modo perderán. Podrán elegir ustedes si su pérdida será la gastada lírica enaltecedora o la áspera bocanada de humo. Un cigarrillo sobre la calle, sabe a mierda de la más pura.
Podría parecer una nimiedad esta ley que obliga a los fumadores a pedir una mesa en la calle, pero lo cierto es que esta aparente trivialidad forma parte de un perverso plan impulsado por los detractores de Adorno. En la Capital Federal, en París, en Londres y en muchas metrópolis más, han logrado que los escritores (los fumadores) sean expulsados a la Avenida Rivadavia, al boulevard du Champs. ¿En qué consiste este perverso plan? Nada más y nada menos que en arrojarnos a las garras de la vida. Ahora resulta imposible escaparle a la narrativa cosmopolita, al sucio indigente que pide una moneda, a la vieja que grita indignada por las calles, a los oficinistas que se prostituyen todos los días a lo largo de ocho horas. Le han dado un golpe de muerte al idilio, ya no es posible soñar, desde el oscuro y acogedor interior, con genios que escapan de lámparas y marinos que se enriquecen de la noche al día. ¿Cómo recuperar la imagen de la eterna narradora oriental cuando las barbas sucias y duras de la mierda citadina nos interpela con sus ojos amarillos de locura? Feliz estaría Lukács viendo como sus postulados triunfan sobre su acérrimo enemigo.
Mueran, mueran portadores de lo bello, sufran cuando el mendigo chupapijas derroche su semen sobre las calles. Miren horrorizados a los niños consumados por el paco que los increpan con insolente violencia. Descubran con sus ojos las tetas gastadas de esas putas que tantas veces han descrito desde la más absoluta de las ignorancias.
De algún modo perderán. Podrán elegir ustedes si su pérdida será la gastada lírica enaltecedora o la áspera bocanada de humo. Un cigarrillo sobre la calle, sabe a mierda de la más pura.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Cebollas y pelos
Vos dormís, con tus labios resquebrajados por el sol y la sal, yo pienso en como cortar la cebolla. Sos la calma, la potencialidad aún no potenciada. Estás dormida, agazapada podría decirse. Yo te miro y vos no te percatás, es raro teniendo en cuenta que estás agazapada y que eso implica una situación de vigilia, de espera atenta. Hay un pelo, un pelo que no es completamente rubio ni marrón, un pelo que se está detenido encima de los labios y la sal, atravesado por el sol. Yo miro ese pelo salado atravesado por el sol, no intento comprenderlo, no quiero saber porqué lo miro ni porqué me atrae tanto, sólo me limito a disfrutar la imagen. No quiero preguntarme el por qué. Me niego a razonar en torno al hecho de que esté prendado de esa imagen, pero tampoco creas que soy un prisionero ingenuo o inconsciente, no. Se que mi prisión no tiene justificación, se que la razón no tiene lugar en la contemplación de tu pelo salado, tanto es así que pienso en cortar cebollas mientras miro ese pelo.
martes, 3 de agosto de 2010
Lo Intratable
"1. A despecho de las dificultades de mi historia, a pesar de las desazones, de las dudas, de las desesperaciones, a pesar de las ganas de salir de ella, no ceso de afirmar en mí mismo el amor como un valor. Todos los argumentos que los sistemas más diversos emplean para desmitificar, limitar, desdibujar, en suma despreciar el amor, yo los escucho pero me obstino: < Lo sé perfectamente, pero a pesar de todo...> Remito las devaluaciones del amor a una suerte de moral oscurantista, a un realismo-farsa, contra los cuuales levanto lo real del valor: opongo a todo para amar de otro modo, para amar mejor, para amar sin estar enamorado, etc., se hace oír una voz terca que dura un poco más de tiempo: la voz de lo Intratable amoroso"
R. Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso
R. Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso
miércoles, 9 de junio de 2010
Cruzar
El caliente asfalto derretía los zapatos de suela de goma de Jorge,ahora que estaba ahí se quejaba por la ausencia de la lluvia, cayendo lentamente por sus dedos, enfriando todo su ser, haciendo que las ganas de correr lo dominen y que no le importe chocar contra paraguas y sobretodos. Caminaba lento y tranquilo, mirando cosas que de ninguna manera podrían realmente captar su atención, no sabía que el parque que ahora observaba se transformaría en un paraíso de cartones y prados verdes. Ella caminaba despreocupada, observando el parque en su esplendor y a la gente que apuraba su paso para llegar a su destino, el mismo que siempre los esperan a las cinco de la tarde en punto.
Su caminar paralelo les impidió darse cuenta de lo que podrían ser partícipes de un instante de esos que transforman la vida para luego, en escasos segundos, regresarlos a su estúpida rutina.
Nunca sabré si fue Jorge o Paula él/la que se detuvo unos segundos para pedir fuego a alguien que pasaba o para comprar ese torrente de sensaciones envasadas, pero sus ojos se cruzaron y supieron que querían que la lluvia vuelva y que los deje correr libremente. Quizás porque Jorge estaba cansado de desaprovechar las oportunidades que le propiciaba la vida o simplemente por que Paula decía y no decía nada a la vez, Jorge cruzó la calle a paso apresurado, sin saber que ese era su mayor error, Paula cruzó simultáneamente, quizás ajena al hecho de que Jorge cruzaba también o deseosa de mirarlo a los ojos y pedirle la lluvia que tanto ansiaba, con los auriculares colgados al oído y el volumen bien alto, intentando abstraerse de ese calor sofocante. Una gota cayó del cielo y luego otra, Jorge la buscó con la mirada, pero la lluvia le impedía mirar más allá de aquel árbol que ahora lo recibía con un torrente de agua, Paula buscó también, pero la vos del mercader de emociones le impidió seguir buscando. Finalmente siguieron caminando paralelamente, sabiéndose cerca pero imposibles de encontrarse. Jorge cruzó para entrar a su casa, Paula extendió la mano y echó a volar sin dirección.
En el momento que Jorge cerraba su puerta, la lluvia se detuvo.
Su caminar paralelo les impidió darse cuenta de lo que podrían ser partícipes de un instante de esos que transforman la vida para luego, en escasos segundos, regresarlos a su estúpida rutina.
Nunca sabré si fue Jorge o Paula él/la que se detuvo unos segundos para pedir fuego a alguien que pasaba o para comprar ese torrente de sensaciones envasadas, pero sus ojos se cruzaron y supieron que querían que la lluvia vuelva y que los deje correr libremente. Quizás porque Jorge estaba cansado de desaprovechar las oportunidades que le propiciaba la vida o simplemente por que Paula decía y no decía nada a la vez, Jorge cruzó la calle a paso apresurado, sin saber que ese era su mayor error, Paula cruzó simultáneamente, quizás ajena al hecho de que Jorge cruzaba también o deseosa de mirarlo a los ojos y pedirle la lluvia que tanto ansiaba, con los auriculares colgados al oído y el volumen bien alto, intentando abstraerse de ese calor sofocante. Una gota cayó del cielo y luego otra, Jorge la buscó con la mirada, pero la lluvia le impedía mirar más allá de aquel árbol que ahora lo recibía con un torrente de agua, Paula buscó también, pero la vos del mercader de emociones le impidió seguir buscando. Finalmente siguieron caminando paralelamente, sabiéndose cerca pero imposibles de encontrarse. Jorge cruzó para entrar a su casa, Paula extendió la mano y echó a volar sin dirección.
En el momento que Jorge cerraba su puerta, la lluvia se detuvo.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
“Y descubrís que amor es más que una
noche y juntos ver amanecer”
Cansado de tocar el timbre me volteo. Pateo un papel que rodaba por ahí y me siento en un cantero. Por quinta vez se ha olvidado de mí, probablemente esté borracha en alguna calle de la ciudad. En los últimos días esta situación se me ha hecho más recurrente, ella ebria y fuera de su casa, yo frente a su puerta fumando borracho. Ya no me queda más que añorar y lamentarme por los hermosos días que vivimos. Y sin embargo algo me continúa llevando a la puerta de su casa, noche a noche algún colectivo me acerca a ella para alejarme media hora después. He llegado a sospechar que en realidad si está en su casa y que me evita, pero he descartado esa idea por considerarla totalmente absurda, descabellada diría ella. Articulo una triste sonrisa y me recuerdo que no debo pensar en lo que ella diría o haría. Apago mi mp3 cansado de reproducir sus canciones, aún no me decido a borrarlas. Como si mi situación no fuera lo suficientemente trillada un niño camina mientras toca un acordeón, me pide unas monedas que le doy luego de revisar mis bolsillos. Para colmo la melodía que toca intenta evocar de alguna manera un tango de arrabal. Me río de ese estúpido cliché que acabo de experimentar. El frío de invierno comienza a hacer mella en mí y me planteo seriamente abandonar la puerta de su casa, sacando esperanzas de algún resquicio me decido a quedarme unos minutos más. Pienso que probablemente llegue en cualquier instante, balbuceando una inentendible disculpa y besándome como pidiendo perdón. Se que me miento, en un intento de convencerme que aún le importo, no me molesta saberlo. El niño del acordeón, que aún no ha llegado a la esquina, me mira y mece su cabeza como si quisiera decirme que lo que estoy haciendo está mal. Ahuyento estos pensamientos por considerarlos descabellados, “absurdos” me corrijo. Al mirar el reloj descubro que ya son casi las cuatro, miro mi caja de cigarrillos y caigo en cuenta de que solo quedan dos. Ha llegado el momento de mi partida, antes de cruzar la puerta me volteo por ultima vez y pronuncio un triste “Hasta nunca Verónica”.
Verónica mira su reloj, las cuatro de la mañana. Por última vez contempla la puerta de Franco y gira sobre sus pasos. Mientras pronuncia un dramático adiós piensa en lo absurdo de acudir todas las noches a su puerta, “descabellado” se corrige.
noche y juntos ver amanecer”
Cansado de tocar el timbre me volteo. Pateo un papel que rodaba por ahí y me siento en un cantero. Por quinta vez se ha olvidado de mí, probablemente esté borracha en alguna calle de la ciudad. En los últimos días esta situación se me ha hecho más recurrente, ella ebria y fuera de su casa, yo frente a su puerta fumando borracho. Ya no me queda más que añorar y lamentarme por los hermosos días que vivimos. Y sin embargo algo me continúa llevando a la puerta de su casa, noche a noche algún colectivo me acerca a ella para alejarme media hora después. He llegado a sospechar que en realidad si está en su casa y que me evita, pero he descartado esa idea por considerarla totalmente absurda, descabellada diría ella. Articulo una triste sonrisa y me recuerdo que no debo pensar en lo que ella diría o haría. Apago mi mp3 cansado de reproducir sus canciones, aún no me decido a borrarlas. Como si mi situación no fuera lo suficientemente trillada un niño camina mientras toca un acordeón, me pide unas monedas que le doy luego de revisar mis bolsillos. Para colmo la melodía que toca intenta evocar de alguna manera un tango de arrabal. Me río de ese estúpido cliché que acabo de experimentar. El frío de invierno comienza a hacer mella en mí y me planteo seriamente abandonar la puerta de su casa, sacando esperanzas de algún resquicio me decido a quedarme unos minutos más. Pienso que probablemente llegue en cualquier instante, balbuceando una inentendible disculpa y besándome como pidiendo perdón. Se que me miento, en un intento de convencerme que aún le importo, no me molesta saberlo. El niño del acordeón, que aún no ha llegado a la esquina, me mira y mece su cabeza como si quisiera decirme que lo que estoy haciendo está mal. Ahuyento estos pensamientos por considerarlos descabellados, “absurdos” me corrijo. Al mirar el reloj descubro que ya son casi las cuatro, miro mi caja de cigarrillos y caigo en cuenta de que solo quedan dos. Ha llegado el momento de mi partida, antes de cruzar la puerta me volteo por ultima vez y pronuncio un triste “Hasta nunca Verónica”.
Verónica mira su reloj, las cuatro de la mañana. Por última vez contempla la puerta de Franco y gira sobre sus pasos. Mientras pronuncia un dramático adiós piensa en lo absurdo de acudir todas las noches a su puerta, “descabellado” se corrige.
Bailarina
¿Por qué lloras bailarina de ojos tristes? ¿A donde se ha ido tu abril lleno de belleza? Seca tus ojos cansados de lágrimas amargas, rodeame en un abrazo eterno. Más no llores por lo que no debe de ser, llora por aquello que no permites nacer. Corre y salta mientras tus pasos te acompañen, toca el cielo con la punta de tus dedos perfectos. Riete de aquellos que parodian tu danza callejera, acuna al viento entre tus labios, deja que juegue en tu mar de cabellos. Entrégale a cada pequeña cosa tu alegría constante, esquiva el torbellino de tristeza que te acribilla. No te escondas más en un laberinto de incógnitas, acude a mi llamado desesperado. ¿ Por qué me atormentas con tu silencio atroz? ¿ A donde se ha ido tu sonrisa? No castigues tu mente con cruces y clavos, no riegues la tierra con tu sangre. Abraza tu vientre redondo, fértil cuna de la vida. Contempla tu cuerpo desnudo. Admira tus más hermosos recovecos, negados a mis ojos. Detén tu llanto bailarina de ojos tristes, no riegues este cuerpo, no lo sumas en un lago de tristeza. Deja que mis manos rodeen tu vientre, mi vientre. Descansa tranquila entre mis ojos, mientras nuestro abril crece en tu cálido pecho.
Abre los ojos y descubre la hermosa realidad,ahora los gritos son de alegría, el llanto de felicidad.
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