El caliente asfalto derretía los zapatos de suela de goma de Jorge,ahora que estaba ahí se quejaba por la ausencia de la lluvia, cayendo lentamente por sus dedos, enfriando todo su ser, haciendo que las ganas de correr lo dominen y que no le importe chocar contra paraguas y sobretodos. Caminaba lento y tranquilo, mirando cosas que de ninguna manera podrían realmente captar su atención, no sabía que el parque que ahora observaba se transformaría en un paraíso de cartones y prados verdes. Ella caminaba despreocupada, observando el parque en su esplendor y a la gente que apuraba su paso para llegar a su destino, el mismo que siempre los esperan a las cinco de la tarde en punto.
Su caminar paralelo les impidió darse cuenta de lo que podrían ser partícipes de un instante de esos que transforman la vida para luego, en escasos segundos, regresarlos a su estúpida rutina.
Nunca sabré si fue Jorge o Paula él/la que se detuvo unos segundos para pedir fuego a alguien que pasaba o para comprar ese torrente de sensaciones envasadas, pero sus ojos se cruzaron y supieron que querían que la lluvia vuelva y que los deje correr libremente. Quizás porque Jorge estaba cansado de desaprovechar las oportunidades que le propiciaba la vida o simplemente por que Paula decía y no decía nada a la vez, Jorge cruzó la calle a paso apresurado, sin saber que ese era su mayor error, Paula cruzó simultáneamente, quizás ajena al hecho de que Jorge cruzaba también o deseosa de mirarlo a los ojos y pedirle la lluvia que tanto ansiaba, con los auriculares colgados al oído y el volumen bien alto, intentando abstraerse de ese calor sofocante. Una gota cayó del cielo y luego otra, Jorge la buscó con la mirada, pero la lluvia le impedía mirar más allá de aquel árbol que ahora lo recibía con un torrente de agua, Paula buscó también, pero la vos del mercader de emociones le impidió seguir buscando. Finalmente siguieron caminando paralelamente, sabiéndose cerca pero imposibles de encontrarse. Jorge cruzó para entrar a su casa, Paula extendió la mano y echó a volar sin dirección.
En el momento que Jorge cerraba su puerta, la lluvia se detuvo.
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