miércoles, 4 de agosto de 2010
Cebollas y pelos
Vos dormís, con tus labios resquebrajados por el sol y la sal, yo pienso en como cortar la cebolla. Sos la calma, la potencialidad aún no potenciada. Estás dormida, agazapada podría decirse. Yo te miro y vos no te percatás, es raro teniendo en cuenta que estás agazapada y que eso implica una situación de vigilia, de espera atenta. Hay un pelo, un pelo que no es completamente rubio ni marrón, un pelo que se está detenido encima de los labios y la sal, atravesado por el sol. Yo miro ese pelo salado atravesado por el sol, no intento comprenderlo, no quiero saber porqué lo miro ni porqué me atrae tanto, sólo me limito a disfrutar la imagen. No quiero preguntarme el por qué. Me niego a razonar en torno al hecho de que esté prendado de esa imagen, pero tampoco creas que soy un prisionero ingenuo o inconsciente, no. Se que mi prisión no tiene justificación, se que la razón no tiene lugar en la contemplación de tu pelo salado, tanto es así que pienso en cortar cebollas mientras miro ese pelo.
martes, 3 de agosto de 2010
Lo Intratable
"1. A despecho de las dificultades de mi historia, a pesar de las desazones, de las dudas, de las desesperaciones, a pesar de las ganas de salir de ella, no ceso de afirmar en mí mismo el amor como un valor. Todos los argumentos que los sistemas más diversos emplean para desmitificar, limitar, desdibujar, en suma despreciar el amor, yo los escucho pero me obstino: < Lo sé perfectamente, pero a pesar de todo...> Remito las devaluaciones del amor a una suerte de moral oscurantista, a un realismo-farsa, contra los cuuales levanto lo real del valor: opongo a todo para amar de otro modo, para amar mejor, para amar sin estar enamorado, etc., se hace oír una voz terca que dura un poco más de tiempo: la voz de lo Intratable amoroso"
R. Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso
R. Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso
miércoles, 9 de junio de 2010
Cruzar
El caliente asfalto derretía los zapatos de suela de goma de Jorge,ahora que estaba ahí se quejaba por la ausencia de la lluvia, cayendo lentamente por sus dedos, enfriando todo su ser, haciendo que las ganas de correr lo dominen y que no le importe chocar contra paraguas y sobretodos. Caminaba lento y tranquilo, mirando cosas que de ninguna manera podrían realmente captar su atención, no sabía que el parque que ahora observaba se transformaría en un paraíso de cartones y prados verdes. Ella caminaba despreocupada, observando el parque en su esplendor y a la gente que apuraba su paso para llegar a su destino, el mismo que siempre los esperan a las cinco de la tarde en punto.
Su caminar paralelo les impidió darse cuenta de lo que podrían ser partícipes de un instante de esos que transforman la vida para luego, en escasos segundos, regresarlos a su estúpida rutina.
Nunca sabré si fue Jorge o Paula él/la que se detuvo unos segundos para pedir fuego a alguien que pasaba o para comprar ese torrente de sensaciones envasadas, pero sus ojos se cruzaron y supieron que querían que la lluvia vuelva y que los deje correr libremente. Quizás porque Jorge estaba cansado de desaprovechar las oportunidades que le propiciaba la vida o simplemente por que Paula decía y no decía nada a la vez, Jorge cruzó la calle a paso apresurado, sin saber que ese era su mayor error, Paula cruzó simultáneamente, quizás ajena al hecho de que Jorge cruzaba también o deseosa de mirarlo a los ojos y pedirle la lluvia que tanto ansiaba, con los auriculares colgados al oído y el volumen bien alto, intentando abstraerse de ese calor sofocante. Una gota cayó del cielo y luego otra, Jorge la buscó con la mirada, pero la lluvia le impedía mirar más allá de aquel árbol que ahora lo recibía con un torrente de agua, Paula buscó también, pero la vos del mercader de emociones le impidió seguir buscando. Finalmente siguieron caminando paralelamente, sabiéndose cerca pero imposibles de encontrarse. Jorge cruzó para entrar a su casa, Paula extendió la mano y echó a volar sin dirección.
En el momento que Jorge cerraba su puerta, la lluvia se detuvo.
Su caminar paralelo les impidió darse cuenta de lo que podrían ser partícipes de un instante de esos que transforman la vida para luego, en escasos segundos, regresarlos a su estúpida rutina.
Nunca sabré si fue Jorge o Paula él/la que se detuvo unos segundos para pedir fuego a alguien que pasaba o para comprar ese torrente de sensaciones envasadas, pero sus ojos se cruzaron y supieron que querían que la lluvia vuelva y que los deje correr libremente. Quizás porque Jorge estaba cansado de desaprovechar las oportunidades que le propiciaba la vida o simplemente por que Paula decía y no decía nada a la vez, Jorge cruzó la calle a paso apresurado, sin saber que ese era su mayor error, Paula cruzó simultáneamente, quizás ajena al hecho de que Jorge cruzaba también o deseosa de mirarlo a los ojos y pedirle la lluvia que tanto ansiaba, con los auriculares colgados al oído y el volumen bien alto, intentando abstraerse de ese calor sofocante. Una gota cayó del cielo y luego otra, Jorge la buscó con la mirada, pero la lluvia le impedía mirar más allá de aquel árbol que ahora lo recibía con un torrente de agua, Paula buscó también, pero la vos del mercader de emociones le impidió seguir buscando. Finalmente siguieron caminando paralelamente, sabiéndose cerca pero imposibles de encontrarse. Jorge cruzó para entrar a su casa, Paula extendió la mano y echó a volar sin dirección.
En el momento que Jorge cerraba su puerta, la lluvia se detuvo.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
“Y descubrís que amor es más que una
noche y juntos ver amanecer”
Cansado de tocar el timbre me volteo. Pateo un papel que rodaba por ahí y me siento en un cantero. Por quinta vez se ha olvidado de mí, probablemente esté borracha en alguna calle de la ciudad. En los últimos días esta situación se me ha hecho más recurrente, ella ebria y fuera de su casa, yo frente a su puerta fumando borracho. Ya no me queda más que añorar y lamentarme por los hermosos días que vivimos. Y sin embargo algo me continúa llevando a la puerta de su casa, noche a noche algún colectivo me acerca a ella para alejarme media hora después. He llegado a sospechar que en realidad si está en su casa y que me evita, pero he descartado esa idea por considerarla totalmente absurda, descabellada diría ella. Articulo una triste sonrisa y me recuerdo que no debo pensar en lo que ella diría o haría. Apago mi mp3 cansado de reproducir sus canciones, aún no me decido a borrarlas. Como si mi situación no fuera lo suficientemente trillada un niño camina mientras toca un acordeón, me pide unas monedas que le doy luego de revisar mis bolsillos. Para colmo la melodía que toca intenta evocar de alguna manera un tango de arrabal. Me río de ese estúpido cliché que acabo de experimentar. El frío de invierno comienza a hacer mella en mí y me planteo seriamente abandonar la puerta de su casa, sacando esperanzas de algún resquicio me decido a quedarme unos minutos más. Pienso que probablemente llegue en cualquier instante, balbuceando una inentendible disculpa y besándome como pidiendo perdón. Se que me miento, en un intento de convencerme que aún le importo, no me molesta saberlo. El niño del acordeón, que aún no ha llegado a la esquina, me mira y mece su cabeza como si quisiera decirme que lo que estoy haciendo está mal. Ahuyento estos pensamientos por considerarlos descabellados, “absurdos” me corrijo. Al mirar el reloj descubro que ya son casi las cuatro, miro mi caja de cigarrillos y caigo en cuenta de que solo quedan dos. Ha llegado el momento de mi partida, antes de cruzar la puerta me volteo por ultima vez y pronuncio un triste “Hasta nunca Verónica”.
Verónica mira su reloj, las cuatro de la mañana. Por última vez contempla la puerta de Franco y gira sobre sus pasos. Mientras pronuncia un dramático adiós piensa en lo absurdo de acudir todas las noches a su puerta, “descabellado” se corrige.
noche y juntos ver amanecer”
Cansado de tocar el timbre me volteo. Pateo un papel que rodaba por ahí y me siento en un cantero. Por quinta vez se ha olvidado de mí, probablemente esté borracha en alguna calle de la ciudad. En los últimos días esta situación se me ha hecho más recurrente, ella ebria y fuera de su casa, yo frente a su puerta fumando borracho. Ya no me queda más que añorar y lamentarme por los hermosos días que vivimos. Y sin embargo algo me continúa llevando a la puerta de su casa, noche a noche algún colectivo me acerca a ella para alejarme media hora después. He llegado a sospechar que en realidad si está en su casa y que me evita, pero he descartado esa idea por considerarla totalmente absurda, descabellada diría ella. Articulo una triste sonrisa y me recuerdo que no debo pensar en lo que ella diría o haría. Apago mi mp3 cansado de reproducir sus canciones, aún no me decido a borrarlas. Como si mi situación no fuera lo suficientemente trillada un niño camina mientras toca un acordeón, me pide unas monedas que le doy luego de revisar mis bolsillos. Para colmo la melodía que toca intenta evocar de alguna manera un tango de arrabal. Me río de ese estúpido cliché que acabo de experimentar. El frío de invierno comienza a hacer mella en mí y me planteo seriamente abandonar la puerta de su casa, sacando esperanzas de algún resquicio me decido a quedarme unos minutos más. Pienso que probablemente llegue en cualquier instante, balbuceando una inentendible disculpa y besándome como pidiendo perdón. Se que me miento, en un intento de convencerme que aún le importo, no me molesta saberlo. El niño del acordeón, que aún no ha llegado a la esquina, me mira y mece su cabeza como si quisiera decirme que lo que estoy haciendo está mal. Ahuyento estos pensamientos por considerarlos descabellados, “absurdos” me corrijo. Al mirar el reloj descubro que ya son casi las cuatro, miro mi caja de cigarrillos y caigo en cuenta de que solo quedan dos. Ha llegado el momento de mi partida, antes de cruzar la puerta me volteo por ultima vez y pronuncio un triste “Hasta nunca Verónica”.
Verónica mira su reloj, las cuatro de la mañana. Por última vez contempla la puerta de Franco y gira sobre sus pasos. Mientras pronuncia un dramático adiós piensa en lo absurdo de acudir todas las noches a su puerta, “descabellado” se corrige.
Bailarina
¿Por qué lloras bailarina de ojos tristes? ¿A donde se ha ido tu abril lleno de belleza? Seca tus ojos cansados de lágrimas amargas, rodeame en un abrazo eterno. Más no llores por lo que no debe de ser, llora por aquello que no permites nacer. Corre y salta mientras tus pasos te acompañen, toca el cielo con la punta de tus dedos perfectos. Riete de aquellos que parodian tu danza callejera, acuna al viento entre tus labios, deja que juegue en tu mar de cabellos. Entrégale a cada pequeña cosa tu alegría constante, esquiva el torbellino de tristeza que te acribilla. No te escondas más en un laberinto de incógnitas, acude a mi llamado desesperado. ¿ Por qué me atormentas con tu silencio atroz? ¿ A donde se ha ido tu sonrisa? No castigues tu mente con cruces y clavos, no riegues la tierra con tu sangre. Abraza tu vientre redondo, fértil cuna de la vida. Contempla tu cuerpo desnudo. Admira tus más hermosos recovecos, negados a mis ojos. Detén tu llanto bailarina de ojos tristes, no riegues este cuerpo, no lo sumas en un lago de tristeza. Deja que mis manos rodeen tu vientre, mi vientre. Descansa tranquila entre mis ojos, mientras nuestro abril crece en tu cálido pecho.
Abre los ojos y descubre la hermosa realidad,ahora los gritos son de alegría, el llanto de felicidad.domingo, 29 de noviembre de 2009
El Fin de lo Infinito
Hay cosas que dejan de existir caprichosamente
Hay otras que lo hacen porque así lo deben
Por todas aquellas cosas que no existen más
El fin de lo infinito
Existe un mundo compuesto por fragmentos, en ese mundo la totalidad es despreciada como el peor de los males, es más, aún uniendo todos los fragmentos de ese mundo no lograríamos armar siquiera una simple unidad heterogénea, sumamente diversa. Allí todo es una línea infinita, la simple idea de un círculo o un triángulo (aunque su bosquejo sea imperfecto) estremece al más valiente de sus habitantes. Los conceptos de vida y muerte no existen en este mundo, la vida es finita y la muerte es el fin. En el mundo de los infinitos fragmentos los conceptos de finitud y de fin no son permitidos, simplemente no pueden existir.
Existe algo sin embargo que lastima en lo más profundo de su ser (lo que en este mundo finito podríamos llamar alma) a los habitantes: Su mundo de infinitos y heterogéneos fragmentos se halla en una profunda relación de dependencia con el mundo de lo finito. Esta necesidad primordial asquea al mundo infinito, la mera idea de tratar con aquellos seres y sus ideas infinitas los repulsa. Es por eso que los encargados de tratar con lo finito no son habitantes comunes y corrientes, sino habitantes especialmente entrenados para no enloquecer ante la presencia de elementos cuasi-finitos, porque eso sí, el mundo de lo finito debe encargarse de que ninguna unidad completa sea vislumbrada por un trabajador especializado del mundo infinito. La tarea de los comerciantes del mundo de las unidades es encargarse de quitar todo vestigio de totalidad en los productos que entregarán. Así, los trabajadores de lo heterogéneo pueden soportar su despreciable tarea, convirtiendo las espantosas semi-totalidades (fragmentos con nauseabundas relaciones) en pedazos sin vínculo alguno.
Es a ese mundo donde, luego de los respectivos y protocolares procesamientos, van los recuerdos amorosos. Todos aquellos recuerdos que desean ser suprimidos son vendidos a sus antagónicos vecinos, quienes los reciben con júbilo, siempre y cuando hayan sido correctamente procesados. Los hombres poseen recuerdos bien demarcados que los atormentan, los infinitos toman esos recuerdos, los fragmentan y se alimentan.
Hace unos días, cuenta un noticiero eterno, un desquiciado sacudió la calma del tranquilo mundo infinito. El demente, ubicado en alguna parte de una fragmentada plaza, anunció con horribles gritos que el mundo de lo infinito se acercaba a su fin. Dibujando algo semejante a aquello que llaman círculo explicó que la excesiva acumulación de fragmentos finalmente (de nuevo esa terrible palabra) había derivado en la conformación inminente de una totalidad. Fuentes estatales informaron que aquel habitante era un ex-trabajador de la planta de procesos de recuerdos que había enloquecido, víctima de la constante exposición a las semi-unidades. El revoltoso fue confinado al espacio, aquella basta e infinita prisión. Sus horribles palabras fueron borradas y sus predicciones sepultadas. Sin embargo, algo que no puede ser descrito en lo finito de una palabra inquietaba a los infinitos.
Ahora mismo, imagino, mis recuerdos deben estar siendo procesados por los trabajadores de ambos mundos. Siendo separados, descuartizados para acabar con el dolor de tu partida. Y algo, algo que ciertamente no se nombra con la palabra azar rigió los eventos futuros. Mis recuerdos fragmentados llegaron a destino, pero los infinitos no contaban con algo, yo había amado en demasía y con mucha frecuencia. Cientos de fragmentos amorosos míos alimentaban su mundo, y finalmente ese último recuerdo, el recuerdo de tu cuerpo desnudo en mi cama fue el nexo, el fragmento que completó la unidad, mi recuerdo preciso de tu pecho, de tu dulce y provocadora cadera, de tu lunar perfectamente redondo fue el fragmento que generó en aquel mundo la finitud y con ella el fin retrasado durante siglos.
Cuentan que el último infinito viaja en el vasto espacio, describiendo un círculo imperfecto, acercándose cada vez más a la perfección circular. El día que su órbita coincida con la perfección circular de tu lunar, el día que esa perfección sea alcanzada morirá el último de los infinitos.
Hay otras que lo hacen porque así lo deben
Por todas aquellas cosas que no existen más
El fin de lo infinito
Existe un mundo compuesto por fragmentos, en ese mundo la totalidad es despreciada como el peor de los males, es más, aún uniendo todos los fragmentos de ese mundo no lograríamos armar siquiera una simple unidad heterogénea, sumamente diversa. Allí todo es una línea infinita, la simple idea de un círculo o un triángulo (aunque su bosquejo sea imperfecto) estremece al más valiente de sus habitantes. Los conceptos de vida y muerte no existen en este mundo, la vida es finita y la muerte es el fin. En el mundo de los infinitos fragmentos los conceptos de finitud y de fin no son permitidos, simplemente no pueden existir.
Existe algo sin embargo que lastima en lo más profundo de su ser (lo que en este mundo finito podríamos llamar alma) a los habitantes: Su mundo de infinitos y heterogéneos fragmentos se halla en una profunda relación de dependencia con el mundo de lo finito. Esta necesidad primordial asquea al mundo infinito, la mera idea de tratar con aquellos seres y sus ideas infinitas los repulsa. Es por eso que los encargados de tratar con lo finito no son habitantes comunes y corrientes, sino habitantes especialmente entrenados para no enloquecer ante la presencia de elementos cuasi-finitos, porque eso sí, el mundo de lo finito debe encargarse de que ninguna unidad completa sea vislumbrada por un trabajador especializado del mundo infinito. La tarea de los comerciantes del mundo de las unidades es encargarse de quitar todo vestigio de totalidad en los productos que entregarán. Así, los trabajadores de lo heterogéneo pueden soportar su despreciable tarea, convirtiendo las espantosas semi-totalidades (fragmentos con nauseabundas relaciones) en pedazos sin vínculo alguno.
Es a ese mundo donde, luego de los respectivos y protocolares procesamientos, van los recuerdos amorosos. Todos aquellos recuerdos que desean ser suprimidos son vendidos a sus antagónicos vecinos, quienes los reciben con júbilo, siempre y cuando hayan sido correctamente procesados. Los hombres poseen recuerdos bien demarcados que los atormentan, los infinitos toman esos recuerdos, los fragmentan y se alimentan.
Hace unos días, cuenta un noticiero eterno, un desquiciado sacudió la calma del tranquilo mundo infinito. El demente, ubicado en alguna parte de una fragmentada plaza, anunció con horribles gritos que el mundo de lo infinito se acercaba a su fin. Dibujando algo semejante a aquello que llaman círculo explicó que la excesiva acumulación de fragmentos finalmente (de nuevo esa terrible palabra) había derivado en la conformación inminente de una totalidad. Fuentes estatales informaron que aquel habitante era un ex-trabajador de la planta de procesos de recuerdos que había enloquecido, víctima de la constante exposición a las semi-unidades. El revoltoso fue confinado al espacio, aquella basta e infinita prisión. Sus horribles palabras fueron borradas y sus predicciones sepultadas. Sin embargo, algo que no puede ser descrito en lo finito de una palabra inquietaba a los infinitos.
Ahora mismo, imagino, mis recuerdos deben estar siendo procesados por los trabajadores de ambos mundos. Siendo separados, descuartizados para acabar con el dolor de tu partida. Y algo, algo que ciertamente no se nombra con la palabra azar rigió los eventos futuros. Mis recuerdos fragmentados llegaron a destino, pero los infinitos no contaban con algo, yo había amado en demasía y con mucha frecuencia. Cientos de fragmentos amorosos míos alimentaban su mundo, y finalmente ese último recuerdo, el recuerdo de tu cuerpo desnudo en mi cama fue el nexo, el fragmento que completó la unidad, mi recuerdo preciso de tu pecho, de tu dulce y provocadora cadera, de tu lunar perfectamente redondo fue el fragmento que generó en aquel mundo la finitud y con ella el fin retrasado durante siglos.
Cuentan que el último infinito viaja en el vasto espacio, describiendo un círculo imperfecto, acercándose cada vez más a la perfección circular. El día que su órbita coincida con la perfección circular de tu lunar, el día que esa perfección sea alcanzada morirá el último de los infinitos.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Letheo
El décimo cigarrillo del día y el fuerte dolor de garganta me detienen un momento. Fumar ¿Qué es realmente fumar? Fumar es una desesperada búsqueda por reencontrase con aquella sensación que se sintió las primeras veces que el humo se deslizó en el interior de nuestro cuerpo. Que triste-pienso- Pero... ¿Qué es la vida sino una desenfrenada carrera por experimentar nuevas sensaciones? Desesperados buscamos nuevas mujeres para satisfacer el deseo ardiente de lo nuevo, de
seo que una vez satisfecho tornan a esas mujeres tan vacías y corrientes como las anteriores. Maldita, maldita vida, que con su monótona cotidianeidad despoja a los hombres de sus más dulces recuerdos, los primeros. ¿Puede acaso alguien explicar precisamente que sintió la primera vez que el dulce vino entró en su virgen boca? Respondo por esas millones de personas sin voz, no, solo les queda ahora una vaga idea de lo que ese delicioso néctar fue alguna vez, el vino que hoy toman no es más que una corrompida y putrefacta copia de aquella sublime y primera sensación. El mundo de las sombras, el mundo imperfecto, no es más que el mundo de las repeticiones. Y no existen originales ni copias, solo existen primeros y miles de vagos intentos por recuperar esos primeros.
Cuan equivocado estaba ese viejo filósofo griego; el Letheo, el verdadero y palpable río del olvido, no es algo mítico, no es una creación de los dioses, ese río, es la vida misma.
seo que una vez satisfecho tornan a esas mujeres tan vacías y corrientes como las anteriores. Maldita, maldita vida, que con su monótona cotidianeidad despoja a los hombres de sus más dulces recuerdos, los primeros. ¿Puede acaso alguien explicar precisamente que sintió la primera vez que el dulce vino entró en su virgen boca? Respondo por esas millones de personas sin voz, no, solo les queda ahora una vaga idea de lo que ese delicioso néctar fue alguna vez, el vino que hoy toman no es más que una corrompida y putrefacta copia de aquella sublime y primera sensación. El mundo de las sombras, el mundo imperfecto, no es más que el mundo de las repeticiones. Y no existen originales ni copias, solo existen primeros y miles de vagos intentos por recuperar esos primeros.Cuan equivocado estaba ese viejo filósofo griego; el Letheo, el verdadero y palpable río del olvido, no es algo mítico, no es una creación de los dioses, ese río, es la vida misma.
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