Julio camina lentamente al nuevo colegio. Sabe muy bien a lo que debe enfrentarse, reglas nuevas, gente nueva, pero sobre todo debe construir una historia nueva. El mundo de Julio se compone a su antojo, un día decide ser un humilde escritor y lo es, al otro día resuelve hacerse pasar por un gran deportista y también lo consigue. Adora ver como sus mentiras lo rodean, como su verdadera vida se deforma en un cúmulo de inventos. No le importa el momento, cualquier ocasión es propicia para crear una historia que le permita escapar de su realidad. Le encanta observar las desorbitadas reacciones de las personas. Recuerda cuando se hizo pasar por extranjero en su propio país y sonríe. No termina de entender que es lo que tanto lo atrae de la mentira, quizás sean manifestaciones de sus deseos inconclusos, de sus frustraciones más profundas. A la vez que camina y fuma comienza a inventar una genial historia, no tiene muy en claro como se presentará esta vez, pero la simple idea de imaginarse mintiéndole a todos sus futuros compañeros lo deleita. Ya puede visualizar sus rostros impresionados, sus envidias reprimidas, las sonrisas que deslizarían las mujeres al escuchar sus interesantes disparates. El cigarrillo quema sus dedos distraídos y deja de maquinar historias por un instante. Chupa sus dedos para sofocar el ardor y continúa explotando su mente. Piensa por un instante en hacerse pasar por profesor, pero lo descarta al instante, una mentira como esa sólo duraría escasos minutos con suerte. Llega a las escaleras del colegio y deja escapar un suspiro. Su mente no ha conseguido generar una buena historia, pero sabe que sólo es cuestión de tiempo hasta que fantásticas mentiras surjan. La vida de Julio es una mentira y lo sabe, de a ratos le duele.
Juan camina al colegio, su delantal blanco está impecable y dentro de su mochila lleva todos los libros que necesitará a lo largo del año escolar. Mira su reflejo en la ventana de una casa y sonríe satisfecho al contemplar su perfecto peinado. Se recuerda por última vez la importancia de asistir a clases y de obtener perfectas calificaciones. Está en el tercer año del secundario y tiene muy en claro que quiere para su vida. Cuando termine el secundario estudiará para ser contador, al igual que su padre. En el medio de la carrera se casará y cuando termine ésta tendrá un único hijo, un varón.
Se cansa un poco de sólo pensar en los años que le llevará terminar su carrera, pero sabe que es lo que debe hacer, lo correcto. Este año decidió comenzar a juntar plata para su futuro auto, un fiat palio que comprará al comenzar el quinto año de la secundaria. Si bien tiene una novia sabe muy bien que esa relación no durará, ella es demasiado inmadura para su edad y con el tiempo él no podrá soportar más. Pone un pie en la escalera del colegio y al hacerlo verifica que su pelo este peinado tal como debe estar, mientras sube las escaleras ve a la correcta Paula, ella sí será una perfecta esposa. Juan se asegura por última vez que todas sus cosas estén en su lugar, los libros en la mochila, sus lentes en su estuche, el cinturón abrochado en el tercer agujero y el anteúltimo botón de su camisa abotonado. La vida de Juan es una mentira y lo sabe, de a ratos le duele pero conoce el mejor remedio, la indiferencia.
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