¿Cuánto de esto es amor, cuánto deseo? ¿Se pueden o no separar?

martes, 19 de octubre de 2010

Hipocóndriaco del sexo

 Me gusta tener sexo, cojer digamos. El problema es cuando se me meten todas esas cosas de por medio, cuando intento calmarme y no logro más que llamar a gritos a mis miedos. Ahí viene, ya está llegando la Medomalacufobia, tiene un nombre horrible, en persona es peor. Me concentro, intento evadirla a cualquier costo, cada esfuerzo mental me deja más a la merced de la maldita Medomalacufobia, con el tiempo me dejo decirle Medomala a secas. Lo más extraño del asunto es que de chico sufría por la Itifalofobia, cuando me acosté con alguien por primera vez mis miedos pasaron a ser lo contrario. Cómo si en esa primer experiencia más que flujos hubieramos intercambiado palabras, yo te doy Itifalo, vos prestame Medomala. Claro que una mujer con Medomalafobia no debe de ser muy frecuente, quizás yo tuve mala suerte nomás.
Una vez salí con una falofóbica, no sé qué o el de quién la había dejado impresionada. La relación, obviamente, no funcionaba. Empecé a usar shorts ajustados, la mina me dejó a los tres días, las cosas salieron a la perfección.
Otra vez hice caso a mi psicóloga e intente superar mis miedos, a la gente no le gustó que me masturbe en el colectivo, pero por lo menos ya no sufría de Parafobia.
También pensé, engañadamente, que odiaba el post-coito por razones emocionales, como si todo el mundo se me viniera abajo cada vez que terminaba de coger con una desconocida, después descubrí que eso tenía un nombre, Gimnofobia.
Hay pocos miedos sexuales que nunca experimenté: Genofobia, homofobia (aunque en realidad, la idea de ser gay siempre me asustó un poco), heterofobia...No sé si afirmar que sufrí Eurotofobia, miedo, lo que se dice miedo, nunca les tuve, pero un poco de asquito, de niño que ve eso y se tapa los ojos horrorizado, eso sí.
Con esto logré vencer otro miedo, mi psicóloga coincide en que ya no sufro de Erotofobia.
Igual, lo que más me preocupa es la dialéctica Medomala-Itifalo. Sospecho que toda nuestra vida (que no es tan larga) se rige por esos dos principios: arriba, abajo. Al final, todo depende del contexto, ser un poco medomalafóbico en medio del acto sexual, tiene sentido, al igual que ser un poco itifalofobico en medio del colectivo. Si estuvieramos en una cama, encima de un bondi ¿Cómo reaccionarían nuestra fobias? Menos más menos es más, pero ¿Cuál es más? ¿La medomala o el Itifalo? Yo supongo que siempre es mejor la medomala, sin importar dónde estés.
Estoy decidido a escribir un poema con estás fobias, no tengo idea de cómo empezar, sólo tengo el final:
“Nena, por vos padezco de Venustrafobia.”

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