¿Cuánto de esto es amor, cuánto deseo? ¿Se pueden o no separar?

domingo, 17 de octubre de 2010

Quienes esperan

-Ya llega, ya llega. Rápido, pasame eso que quiero estar preparada.
Ya llega, él ya llega. Todos esperan. Se prenden un cigarrillo y miran una vez más el reloj. Él piensa en eso, la idea lo pone feliz. Ese aeropuerto es su isla al mediodía. No suele viajar mucho, no, pero imaginó ese viaje unas cuantas veces, muchísimas. Sintiendo la isla cada vez más cerca, apretando los dedos contra el apoyabrazos, conteniendo la emoción, molestándo al hombre que se sienta al lado de él, del lado de la ventana. Mirando cuatro películas seguidas, no recordaría ninguna. Pensando, imaginando, inventando.
-Ya llega, ya llega, está a unas pocas cuadras. Pasame eso de una vez, ¡Querés!
¿Cómo estará? ¿Qué llevará puesto? ¿Irá directo para ahí o irá primero a su casa? ¿La extrañará? ¿Se acordará de cómo es? ¿Se decepcionará cuando la vea? Un poco de maquillaje, lo justo, los excesos no le gustan. Él no le dijo, no le avisó que volvía, se enteró por otros, ¿Por qué lo escondió? ¿Lo escondió? ¿Y si no viene?.
-¡Podés cortarla un rato María!
-¡Mierda!
-¿Qué?
-Me corté. Salgán todos de mi cuarto, ¡La puta madre!.
La puerta se cierra. Lágrimas, miles de lágrimas que se escapan de entre las manos de María. Tiene un paquete de Marlboros en el cajón, los busca desesperada, deben de tener unos 8 meses ahí, se prende uno no sin antes dar vuelta el cuarto buscando un encendedor. El cigarrillo se moja, tiene puntos salados por todas partes. Abre el segunda cajón, el de la izquierda, dentro de un sobre están todos los demás sobres. Los saca uno por uno, despacio, intentando no mojarlos. Quince de septiembre, cinco de octubre, siete de noviembre, catorce de diciembre, dos mil once sigue vírgen de cartas. Ahora le toca escribir a ella, no sabe bien por qué, simplemente tiene esa certeza. Muerde el cigarrillo, muerde la lapicera y se muerde la lengua. ¿Querido? ¿Pablo a secas? ¿Omitir los saludos? ¿Ahora qué hace? ¿Se pará enfrente de la puerta de su casa y espera a ver que le sale? De seguro termina diciendo algo mucho más tonto de lo que habría querido decir. Negro, a él le gusta el negro, pero también le había dicho que le gustaba el sueter verde. Pantalón negro y sueter verde. ¿Dónde está diciembre? ¿Dónde lo dejó? Da vuelta el colchón, no está ahí, los cajones, la biblioteca, nada. ¿Dónde? Se ríe un poco y busca debajo de noviembre, ahí está. Mirá el reloj, se da cuenta que no tiene idea a qué hora llega, lo vuelve a mirar. ¿Y si ella va al aeropuerto? Demasiado evidente, demasiado alevoso, demasiado arriesgado. Piensa en tomar algo, recuerda  que es de mediodía y que ella no toma, nunca. ¿Por qué siempre se le cruzó por la cabeza que iba a llegar durante el mediodía? ¿Y si llega a la noche? ¿Si está muy cansado como para moverse de su casa? Va a llegar al mediodía, está segura.
Deja de llorar y guarda las cartas, la ventana abierta hace de cenicero. Cierra los ojos e intenta calmarse. Pone la canción que van a bailar juntos cuando él llegue. Se tira en la cama y logra tranquilizarse. Un auto pasa por la calle. Escucha como el motor se apaga, el celular suena. Corre, salta los veinte escalones que la separan de la entrada, se para frente a la puerta e intenta poner cara de tranquilidad, nunca aprendió el arte de dominar las expresiones faciales.
-El vuelo desde París-Francia anuncia su partida con destino Buenos Aires-Argentina a las quince horas veinticinco minutos.
Pablo abre los ojos, si todo sale bien estará en Ezeiza al mediodía. Sí, va a llegar al mediodía, está seguro.  

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