¿Cuánto de esto es amor, cuánto deseo? ¿Se pueden o no separar?

jueves, 11 de agosto de 2011

De vez en cuando reorganizo los espacios del pasado, la limpieza mensual de mi cuarto lo reclama. Sacudo libros polvorientos y arranco la puerta secreta que esconde los vestigios de muchas historia insistentes que se esconden cordialmente cuando entrás a mi cuarto. En la caja de madera con la inscripción ABRA todavia conservo las colillas de su tabaco rubio. En la esquina, entre discos, encuentro su compilado. Escondida entre los libros de auto ayuda está su foto de pequeña, fea como ninguna. Una pulsera infantil me recuerda que amor muchas veces es estúpido o nisiquiera es amor. En mi cuarto sólo quedan vestigios de amor caduco, e n mi cuarto sólo quedan aburridas añoranzas de tiempos peores. En mi cuarto, en la puerta, se perfilan tus orejas. En mi cuarto, en la puerta, oigo pasos de una chica que no baja sino sube. Son tus pasos, no los suyos, son tus aros, no los suyos. Acompasan mis zapatos tu subida. Y si río soy sincero, y si grito soy grotesco. No me mires con tu cara de desprecio, no atravieses mis palabras con tus ojos. Yo te extraño en cada noche, yo te veo en cada historia, no comprendo la memoria que insistente me demora. En mi cuarto mis paredes gritan noche. En mi cuarto, escondida en mi frazada, me desarma una mirada que es presente y que me duele.
      Es que el cuarto está escindido entre puertas y paredes, es que el cuarto me recuerda que un día fueron mías las mujeres que vinieron. Presente de puertas, pasado de concreto, el único escape posible está en el armario, punto intermedio. Quiero quererte, quiero. Tengo que pintar mi cuarto, antes de que sea tarde.

martes, 5 de julio de 2011

A veces.

Acá, allá, me gusta, me gusta. Intervalo de una semana agitada, toca acostarse tres horas y no hacer nada, quizás mover el dedo índice para acariciarte un poco la espalda. Cortázar, en el capítulo 7 (el único capítulo que existe), dibuja una boca con su dedo. Yo siento que vivo una película, que ese dedo índice, esa lengua girando, girando, girando, no es más que el esbozo de un sueño que inexorablemente tiene que terminar, AHORA. No, todavía no, todavía quedan veinte minutos de sueño. A los quince saltás de la cama, un ruido en el techo, o quizás sea el amanecer. Me robaste cinco minutos de sueño, volvé a la cama, querés. No puedo, lo extraño. ¿A quién? A él, a él. No puedo reterner por mis propios medios, pero llueve, llueve aunque sean las siete de la mañana de un sábado. En Europa llovía todo el tiempo, pero nunca nevaba, nunca. La nieve, ahí está la clave, si logro traerla puedo dormir mis cinco minutos. Francisco, Francisco. Qué, qué. Nieva, nieva. No puede estar nevando, vos ya te fuiste. No, estoy acá, nieva, nieva. Son las ocho y ocho, quedan dos minutos. Hoy no quiero trabajar, qué genial que sea sábado. Igual tengo miedo, miedo de aburrirme, de tener cincuenta años en un instante, leer las palabras que alguna vez escribí y llorar, porque no me va a quedar otra opción que llorar, llorar hasta cansarme de darles un espectáculo patético a mis hijos. ¿Quién sos vos? ¿Dónde está mi deseo adolescente? A veces tengo miedo. Es hora de levantarse.
A veces tengo miedo de dejar de sentir, qué imbécil soy a veces.
Ay, ay, me siento cursi, que dolor.

jueves, 14 de abril de 2011

¿Sabe qué? La ciudad me llena de escollos. Uno camina como si no le importara cuando en realidad no puede dejar de observar cómo la ciudad lo acosa. Si va por la mano izquierda basta una simple calle conocida para que el pasado le remueva las tripas, si va por la derecha de seguro el pasado lo encontrará de frente. Correctamente intentará esquivar la mirada a sabiendas de que el pasado lo ha visto y se ha percatado de que usted también lo ha visto. Pero ni al pasado ni a usted le importará en el momento, ese esquivar de la mirada se sostendrá como un sagrado sacramento. El problema real vendrá después, cuando el pasado y usted se detengan a pensar en ese intercambio de miradas que no pudo ser. Pero...¿Sabe qué? Cuando llegue a casa y se encuentre con el presente dejará de pensar en esa mirada frustrada del pasado y se abrazará con mucha fuerza a ese hermoso presente, tanta que muy probablemente el futuro se demore en llegar, o quizás llegue un poco más tarde, porque el futuro tiene fama de ser educado y jamás alguien como él podría interrumpir un abrazo sublime como el que se genera cuando usted y el presente se abrazan.

jueves, 10 de marzo de 2011

Don't leave me high

miércoles, 2 de marzo de 2011

Muerte onírica


-Siempre pensé que una rodaja de limón tendría que flotar perpendicularmente, no paralelamente.
Nilan volvió al mundo real y miró a Milena.
-Perdón, ¿Qué dijiste?
-Que siempre me dio la impresión de que una rodaja de limón tendría que flotar perpendicularmente.
-¿Perpendicularmente?
-Claro, mirá la rodaja de limón flotando sobre tu vaso
Apoyó su mirada sobre el vaso  y llegó a entender qué se le había cruzado por la cabeza a Milena, el limón en los tragos suele ponerse de modo que quede perpendicularmente, pero no flotando, sino que sobre el borde del vaso, el efecto que producía al flotar sobre el líquido era realmente notable, uno tenía la sensación de que algo realmente extraño estaba sucediendo en ese vaso. Para asegurarse de que nada raro estaba interviniendo en la flotación de la rodaja de limón se aseguró de que ningún trozo de hielo la estuviera sosteniendo desde abajo, pero sólo había más cachaça. Miró la bebida y descubrió que nuevamente le habían servido su trago con limón, en lugar de lima, quizás la lima si flotaría perpendicularmente.
-Otra vez me pusieron limón.
-Te dije hace un rato, pero no me diste bola, ¿En qué estás pensando?
-En nada- mintió.
-Nilan...
-Anoche tuve un sueño muy extraño, soñé que alguien me perseguía y yo intentaba escapar, en eso caía en una especie de lago o pileta, no sé muy bien qué era, y empezaba a nadar, por un rato iba bien, me estaba alejando de mi perseguidor, pero a los pocos minutos me empezaba a cansar y no llegaba a tocar el fondo, lentamente me iba ahogando y algo me impedía seguir nadando. No era realmente como si estuviera físicamente desgastado, era más bien como si algo dentro de mí me arrastrara al fondo, como si no tuviera más sentido seguir nadando. Entonces me hundía y empezaba a sentir cómo me asfixiaba. Uno sabe que, generalmente, cuando está a punto de morir en un sueño suele despertarse; es decir, cuando soñás que te caes desde una gran altura te levantas antes del impacto, cuando te disparan despertás en el acto, nunca llegás a experimentar por completo la sensación de estar muerto y eso se debe, creo yo, a que somos incapaces de concebir la idea de estar muertos, incluso en sueños, el sueño no puede seguir simplemente porque tal idea es un imposible, con la muerte se da paso a la inexistencia y si uno no existe no puede seguir soñando...
Milena lo interrumpió por primera vez
-A mi me han contado algunas personas que soñaron que iban al cielo
-Puede ser- le concedió Nilan- pero la existencia en el “cielo” no deja de ser existencia, además-agregó apresuradamente- si bien hay personas que han soñado que estaban en el cielo, dudo mucho que hayan podido visualizar el momento en sí de su muerte, es decir, el instante en el cual el adoquín de la calle Rivadavia se incrusta en su cabeza desparramando sesos o la bala se clava en el centro del corazón, simplemente sueñan que mueren y, sin que exista ninguna representación de su pasaje al cielo, aparecen ahí, no tienen conciencia real del momento de la muerte en sí.
-Mmm, bueno- aceptó algo insegura- pero seguí contando.
-La cuestión es que yo me estaba ahogando y entré en ese estado de los sueños en el cual uno de cierto modo sabe que está por despertarse pero que sin embargo no logra escapar por completo de la ficción onírica, es decir, estaba muriendo pero sentía muchísima incredulidad frente a ese hecho, pero no era negación, era que simplemente me resultaba absurdo, algo en lo más ínfimo de mi ser me decía “Bueno Nilan, en cualquier momento vas a abrir los ojos” mientras otra parte deseaba extender la sensación hasta las últimas consecuencias. Deseaba completar el proceso, deseaba morir y ver de qué se trataba todo el asunto. Y entonces, algo que ahora, despierto, no me explico, sucedió. Llegué a estar tan cerca de la muerte que casi pude saborearla, comprenderla, estuve a punto de develar uno de los más grandes misterios de la humanidad. Mi visión empezó a nublarse, tal y como pasa en las películas, mis brazos empezaban a aflojar y mi mente no se cansaba de repetir que ese era mi fin. Lo más curioso fue que no estaba triste ni enojado, todo lo contrario, estaba ansioso por descubrir cómo sería el último suspiro, la última mirada, la sensación final. Fue entonces, cuando mi cuerpo ya se entregaba al misterio más grande de la humanidad, que pude distinguir unos ojos entre el agua.
-¿Unos ojos? ¿Dios? ¿Un Ángel? ¿Algún familiar muerto?
-No Milena, desde la fría lejanía vi tus ojos, los mismos que me esperaban despiertos esta mañana.
-¿Y después? ¿Después que pasó?
-Desperté y distinguí nítidamente tus ojos, tu sonrisa malhumorada y tu pecho izquierdo escapándose de entre mis sabanas verdes.
-Te desperté porque estabas roncando muy fuerte, no sabía que haciéndolo arruinaba la posibilidad de que hicieras un genial descubrimiento.
-Mejor, aunque hubiera descubierto algo no hubiera servido de nada
-¿Por qué?
-Tengo la sospecha de que si no me hubieras despertado, si mi mente hubiera tenido la tranquilidad necesaria como para centrarse únicamente en reproducir mi muerte, entonces habría muerto. El único modo de concebir en su totalidad un fenómeno como ese es mediante la vivencia, experimentar tal cosa, aunque no más fuera durante el sueño, me habría matado.
-Sigo sin entender porqué la rodaja de limón flota de ese modo tan extraño.
-En ese caso, yo tendría cuidado si algún día soñás que descubrís el motivo.

Desde su perspectiva


"Cada vez que te encuentro en el recuerdo,
bajo el simple pretexto de tocar tus manos
tramo la fabula que te encierra
y ya no duele estar triste, porque el instante es pasado..."
M.-

jueves, 17 de febrero de 2011

Pensarte

¿Qué se te pasa por la cabeza cuando no decís nada, cuando mirás fijo y te pasás los dedos por el mentón, como si tuvieras barba? Yo me acerco para que puedas tirar de la mía, para que puedas pensar como si tuvieras barba. Tus dedos saben cómo corresponde tirar de una barba cuando se quiere pensar. La palabra “tirar”, de hecho, es bastante violenta, más bien es una mezcla de acariciar y estirar. Nada demasiado violento, nada demasiado suave. Y vos sabés cómo hacer eso que no tiene nombre ni siquiera.
Creo que eso es lo que más extraño, jugar a adivinar qué pasa por tu mente. Claro, también ahora, a lo lejos, podría intentar jugar a lo mismo, pero no sería lo mismo, no sería real. Sólo en sueños, y si mi subconsciente me lo permite, puedo jugar un rato. Entonces te imagino, imagino lo que estás imaginando. A veces pensás en camellos, pero por lo general pensás el el último libro que leíste, en una palabra que escuchaste y que quedó flotando en tus pensamientos, por lo menos eso creo. Cuando te obsesionas con una palabra te quedás especialmente quieta. No jugás con mi barba, con ninguna, dejás que tu mentón descanse sobre la palma de tu mano y ni te inmutás cuando el bretel negro se empieza a deslizar, lentamente. Yo también pienso en esos momentos, pienso en lo que voy a pensar horas, días después, cuando tu bretel deslizándose sea tan sólo un recuerdo, cuando las últimas gotas de tu perfume se empiecen a escapar de mis sábanas. Pienso y deseo ese momento de volver a pensarte frente a mí. Es en esos instantes cuando redescubro que sólo puedo pensarte, en presencia y en ausencia. Quizás sea así porque la idea me atrae tanto como a vos te atraen los camellos, porque sabemos que los lugares comunes no son necesariamente algo malo. Nosotros somos un lugar común, vos sos el espacio en el cual me siento bien, donde dejo de ser amo de mis piernas, las cuales empiezan a temblar, divertidas y ansiosas. Aún no logré descubrir que lugar soy yo para vos, nunca estuviste tan desprotegida como para que yo pudiera averiguarlo. Sólo una vez, cuando descubrimos que nos deseamos, tuve la oportunidad de entender que espacio soy yo, que lugar ocupo. Pero no pude, las piernas me temblaban demasiado, y aunque podría repetir casi por completo las palabras que se pronunciaron esa noche, hay cosas que se me escapan. No recuerdo algunos gestos, algunas miradas, alguna caricia que podría revelarme todo, que me daría la verdad que hoy tanto necesito. Entonces tengo que inventarte, imaginarte, pensarte una vez más, pensarte hasta que llegue el momento de volver.

Niños

----1
Siempre me imaginé el aborto como algo terrible, no en un sentido moral, más bien en un sentido visual. La mujer aferrada a las frías barras de acero, las tres gotas de sudor sostenidas en la frente y una mandíbula que no quiere ni pretende relajarse. Hay agujas de tejer y mucha sangre, los médicos escarban, buscan la muerte en el vientre mismo. Una atraviesa el pequeño cráneo, otra las palmas de las manos, y así, decenas de agujas hasta que el corazón se detiene y eso yace inmóvil, detentando su corona de espinas y el inescrutable pero conocido INRI.
Paula no grita, no suda ni se retuerce. Sólo se sienta y mira hacia todos lados, un poco nerviosa. Nadie le sostiene la mano, el muy cobarde sigue caminando por Buenos Aires, por un instante siente nauseas y se detiene a vomitar, rojos y verdes se conjugan en el vómito cobarde.
Veinte minutos, ya todo ha sido llevado a cabo. Paula camina sola por la ciudad, no se siente débil ni mareada, sólo un tanto triste. Cae presa de ese gesto compulsivo de las embarazadas y se lleva la mano derecha a la panza, no sabe bien qué hacer. No tiene miedo de lo que digan, nunca le ha importado mucho la opinión de los demás. Espera en la parada del 132, la clínica no estaba en La Cañada, le quedaba más cerca la del centro. Ha hecho lo correcto, lo inevitable. Pero siente, sentir siente. Paula no es una despiadada asesina, Paula es Paula. Ahora siente que tendría que haber hecho lo realmente correcto, sí, lo correcto. Casarse, tener el hijo y vivir una vida que nunca quiso, que nunca pidió. Pero claro, la culpa es de ella, ella se lo buscó. Porque tener un hijo es eso, buscárselo, ser una hija de puta que se merece una maldición divina, el castigo supremo, criar un hijo. Yo quisiera saber cómo alguien podría explicarle eso a Paula, cómo podría obviar las agujas que la flagelan, sortear la mancha roja y verde y decirle de frente, cara a cara, sin ningún tipo de remordimiento, que es una hija de puta, una ninfómana pelotuda, una asesina.
----2
Celia acaricia a Mara, todavía no es Mara, recién es la primera sílaba. Mara es Ma. La quiere, la desea con todas sus fuerzas. Puede sentir cómo Ma está ahí, preparándose para hacer su magistral aparición, para salir al mundo. Está cómoda, siente el tamborileo de unos dedos que no conoce en persona, que suelen apoyarse puntualmente a las diez de la noche. Ma no sabe cómo nombrar esos dedos, Celia tampoco. Juegan a un juego tan exclusivo que ni siquiera ellas saben con precisión cuáles son las reglas. Las inventan cada noche, con la certeza de que cada una va a estar donde debe estar – Hola Mara- dice Celia -Hola Celia- dice Ma. Están ahí, se quieren sin preguntarse qué es querer. Se sienten sin preocuparse por la barrera que las separa y las une al mismo tiempo. Se han buscado durante meses y se han encontrado en el preciso instante en que Celia se llamaba Celia y Mara se llamaba Mara, aunque sea un nombre de una sola sílaba. Duermen en la misma cama, a algunos psicólogos podría no parecerles bien, a ellas no les importa mucho a decir verdad. No conocen mucho acerca de la tristeza, o por lo menos no recuerdan muy bien que es eso.

No se bien cuál es el tema de las perspectivas y las distancias. No entiendo cómo funcionan, simplemente sé que lo hacen. Claro que uno nunca sabe bien de dónde surge esa nueva perspectiva, es como si un día apareciera y uno asumiera que siempre estuvo ahí, uno se reconoce incapaz de afirmar lo contrario. Un día, así como quien no quiere la cosa, descubrí tu rostro y con él mi pasado. Descubrí que esas vidas que tanto anhelamos son imposibles de alcanzar porque siempre anhelamos lo lejano, deseo esa vida, la tengo, no soy consciente de ello ¿O acaso mis dos deseos más fervientes no fueron siempre un legado artístico y una historia de amor entrevesada? La tengo, joder que la tengo. Tengo esa puta vida con la que siempre soñé, me alcanza con teclear dos palabras en internet para saberlo. Una tía muerta en una muerte para nada romántica, una historia de amor interrumpida por miles de kilómetros de distancia y una historia familiar que si no es trágica, simula serla. La cuestión es cómo, cómo organizar esas partes y armar la historia completa, mi historia.

viernes, 14 de enero de 2011

A mi única lectora, Josefa, que siempre me tiene paciencia y me putea lo justo y necesario:
Puto el que lee. Con cariño.