-Che, ¿Te querés casar conmigo?
-¿Para?
-No sé, por hacer algo. La rutina ya la tenemos, mal no nos va a hacer.
-¿ Y la guita?
-¿ Qué guita?
-La de el casorio, la fiesta y la luna de miel...
-¿Para casarte también hay que pagar?
-Y...por Iglesia sí.
-¿Por?
-Que se yo...preguntale al cura.
-¿Pero vos estás segura?
-Sí, si a mi me mandaron a un normal los primeros años porque mis viejos todavía no habían terminado de pagar la deuda en la que se metieron.
-Mierda, es verdad eso de que nada es gratis
-Me haces reír, a veces me olvido que podés ser tan ingenuo.
-Bueno, bueno, eh!
-Lo decía bien tonto.
-No me hace gracia, es tristísimo que queramos acatar el mandato social y no podamos.
-Vos querés acatarlo...
-¿Qué querés decir? ¿No te querés casar conmigo?
-Pablo
-María
-No te pongas en idiota, eh.
-No me acordaba lo del normal, ahora entiendo todo.
-¿Qué entendés?
-Que seas tan linda y que además me quieras
-¿Todo eso por el nomal?
-Claro, si hubieras ido a un privado seguro que nunca me hubieras dado bola, te habrías comido todo ese rollo de ser popular y salir con lindos que juegan bien al fútbol.
-Si yo siempre soñé con enamorarme de alguien que fuera pésimo en el deporte y que me aburriera con sus reflexiones filosóficas.
-Si lo pensas bien, lo de pagar el casamiento no está tan mal, subvencionamos la educación pública y ayudamos a acabar con la hegemonía de los futbolistas que salen con mujeres hermosas e inteligentes.
-Para eso hay que tener un hijo al toque de casarte
-¿Querés tener un hijo?
-Tranquilo Pablo, paso a paso, primero el casamiento.
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