¿Cuánto de esto es amor, cuánto deseo? ¿Se pueden o no separar?

viernes, 21 de agosto de 2009

Estimado Rolando Graña

Estimado periodista Rolando Graña: Estoy totalmente indignado, debo admitir que no pude evitar montar en cólera cuando ví su informe sobre esos crueles e irreverentes seres, los bagayeros (horrorosos esperpentos del mal que trafican nada menos que ropa!) Como si fuera pequeño su terrible crimen además son culpables de ser bolivianos e indocumentados! Gracias a su esclarecedor informe pude ver como estas satánicas mujeres que rondan los cuarenta años de edad y cargan con más heridas en la piel de las que un solo hombre pueda imaginar, se aprovechan de las inocentes y sacrificadas empresas multinacionales de ropa robando sus logos e imitando sus geniales diseños para así enriquecerse ilegítimamente. Salvajes indios, incultos traficantes de la ropa que sus propios compatriotas producen en talleres hacinados. Por centavos confeccionan la prenda, para que después, y con certera justicia, las empresas multipliquen cientos de veces su valor real.
Por suerte (y dios por medio), la gendarmería estaba presente logrando evitar un muy probable incidente de la mano de estos bagayeros-coyas. Los sublimes gendarmes se encargaron de despojar a estos seres de su mal habida mercadería. Las manos de los puros tocaban con suma igualdad los cuerpos infestados de los bagayeros
Por gracia divina (y mediante las hábiles maniobras de las fuerzas del orden) el normal transcurso de las cosas retomó su camino. Los bagayeros, más pobres que cuando se embarcaron en esta ardua empresa, miran el suelo compugnido mientras las esposas de la opresión les lastiman sus muñecas, los gendarmes se relamen pensando que finalmente les ha tocado un cargamento con la zapatilla que el nene hace tanto tiempo venía pidiendo y usted, Rolando Graña, devuelta en su confortable hogar en la metrópoli. Ahora bien... ¿Sabe? Me quedó una pequeña duda, cuando por comodidad ( y no obviamente por una necesidad económica) se mimetiza con los hombres comunes y corrientes (mediocres) y compra un pantalón deportivo adidas trucho en el local de la vuelta de su casa... En ese preciso momento... ¿No se acuerda de los bagayeros y se siente un poco HIJO DE RE MIL PUTA?

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