De vez en cuando reorganizo los espacios del pasado, la limpieza mensual de mi cuarto lo reclama. Sacudo libros polvorientos y arranco la puerta secreta que esconde los vestigios de muchas historia insistentes que se esconden cordialmente cuando entrás a mi cuarto. En la caja de madera con la inscripción ABRA todavia conservo las colillas de su tabaco rubio. En la esquina, entre discos, encuentro su compilado. Escondida entre los libros de auto ayuda está su foto de pequeña, fea como ninguna. Una pulsera infantil me recuerda que amor muchas veces es estúpido o nisiquiera es amor. En mi cuarto sólo quedan vestigios de amor caduco, e n mi cuarto sólo quedan aburridas añoranzas de tiempos peores. En mi cuarto, en la puerta, se perfilan tus orejas. En mi cuarto, en la puerta, oigo pasos de una chica que no baja sino sube. Son tus pasos, no los suyos, son tus aros, no los suyos. Acompasan mis zapatos tu subida. Y si río soy sincero, y si grito soy grotesco. No me mires con tu cara de desprecio, no atravieses mis palabras con tus ojos. Yo te extraño en cada noche, yo te veo en cada historia, no comprendo la memoria que insistente me demora. En mi cuarto mis paredes gritan noche. En mi cuarto, escondida en mi frazada, me desarma una mirada que es presente y que me duele.
Es que el cuarto está escindido entre puertas y paredes, es que el cuarto me recuerda que un día fueron mías las mujeres que vinieron. Presente de puertas, pasado de concreto, el único escape posible está en el armario, punto intermedio. Quiero quererte, quiero. Tengo que pintar mi cuarto, antes de que sea tarde.jueves, 11 de agosto de 2011
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