¿Sabe qué? La ciudad me llena de escollos. Uno camina como si no le importara cuando en realidad no puede dejar de observar cómo la ciudad lo acosa. Si va por la mano izquierda basta una simple calle conocida para que el pasado le remueva las tripas, si va por la derecha de seguro el pasado lo encontrará de frente. Correctamente intentará esquivar la mirada a sabiendas de que el pasado lo ha visto y se ha percatado de que usted también lo ha visto. Pero ni al pasado ni a usted le importará en el momento, ese esquivar de la mirada se sostendrá como un sagrado sacramento. El problema real vendrá después, cuando el pasado y usted se detengan a pensar en ese intercambio de miradas que no pudo ser. Pero...¿Sabe qué? Cuando llegue a casa y se encuentre con el presente dejará de pensar en esa mirada frustrada del pasado y se abrazará con mucha fuerza a ese hermoso presente, tanta que muy probablemente el futuro se demore en llegar, o quizás llegue un poco más tarde, porque el futuro tiene fama de ser educado y jamás alguien como él podría interrumpir un abrazo sublime como el que se genera cuando usted y el presente se abrazan.
jueves, 14 de abril de 2011
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